Celaya, Gto., a 15 de enero de 2026.- Con el arranque del ciclo agrícola Otoño–Invierno 2025–2026, el campo guanajuatense entra a su temporada más vulnerable: la de las madrugadas frías que, en cuestión de horas, pueden tirar la floración y convertir una buena expectativa de rendimiento en pérdidas totales. En ese contexto, el aseguramiento de las cosechas de invierno —en especial trigo y cebada— se ha convertido en la herramienta central para sostener el ingreso de productores y evitar que una contingencia climática rompa la cadena productiva.

De acuerdo con reportes difundidos por la Secretaría del Campo estatal, el plan de prevención para este ciclo incluye un seguro catastrófico que protege alrededor de 35 mil hectáreas, como parte del esquema de apoyo para enfrentar fenómenos extremos. En paralelo, el propio diagnóstico de riesgo es amplio: con datos del SIAP, se estima que en Guanajuato se sembrarán alrededor de 98 mil hectáreas de trigo y cebada en este periodo, superficie expuesta a las bajas temperaturas en distintas zonas agrícolas de la entidad.

El momento crítico: cuando el cultivo florece

El calendario agronómico vuelve más delicado el cierre del invierno. En Guanajuato, enero, febrero e incluso marzo se consideran meses críticos por la posibilidad de heladas, justo cuando el trigo y la cebada entran a fases sensibles. “…entre febrero y marzo está floreciendo el trigo, la cebada, y si les cae una helada, se muere la flor y sin flor no hay grano”, explicó Marisol Suárez Correa, Secretaria del Campo, al detallar por qué el daño suele ser irreversible cuando el evento ocurre en floración.

Aunque los esquemas pueden variar por componente (catastrófico y/o contratación individual con apoyo), el objetivo práctico es el mismo: dar liquidez para reponerse si la helada, el granizo o un evento severo reduce drásticamente la producción. En ciclos como el Otoño–Invierno, donde hay inversión fuerte en preparación de suelos, semilla, fertilización y riegos, el seguro busca evitar que el productor quede “atorado” financieramente para el siguiente ciclo.

En la estrategia estatal, el aseguramiento se acompaña con acciones de prevención: monitoreo climático y recomendaciones técnicas para bajar exposición al frío, como ajustar fechas de siembra y elegir variedades más tolerantes.

Uno de los puntos operativos del plan es el seguimiento del clima mediante una red de estaciones agroclimáticas operadas —según el reporte— por la Fundación Guanajuato Produce, con lecturas de temperatura, humedad y precipitación que ayudan a anticipar riesgos y tomar decisiones (riegos oportunos, manejo nutricional, protección en zonas puntuales).

Además del riesgo climático, el trigo suele enfrentar volatilidad de mercado. A nivel federal, el programa Precios de Garantía contempla para trigo panificable apoyos que combinan el objetivo de alcanzar un precio de referencia y, en ciertos casos, incentivos ligados a la adquisición de un Instrumento de Administración de Riesgo (IAR). Si bien estos mecanismos no sustituyen al seguro por heladas, en la práctica funcionan como un segundo cinturón: uno protege contra el clima y el otro ayuda a manejar el riesgo comercial.

Productores consultados de manera recurrente en el sector reconocen que el “talón de Aquiles” del aseguramiento no siempre es la póliza, sino lo que sigue: difusión, claridad de requisitos, rapidez de dictámenes y pago, además de ampliar la cobertura real frente al universo total sembrado. En un ciclo donde el área potencial de trigo y cebada ronda decenas de miles de hectáreas, el desafío es que el seguro no sea un salvavidas para pocos, sino una red efectiva para la mayoría.

Por ahora, el mensaje institucional es claro: el invierno ya no se enfrenta sólo con experiencia y “fe en el temporal”, sino con datos, prevención y pólizas. Y en Guanajuato, donde el trigo y la cebada son parte del corazón agrícola del Bajío, el aseguramiento se perfila como la diferencia entre una mala racha… y una crisis.

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