Por: Laureano Covarrubias D.
Celaya, Gto., a 14 de enero de 2026.- El shock regional provocado por la captura de Nicolás Maduro y la retórica de Donald Trump reabre en México un dilema estructural: cómo administrar la presión externa sin erosionar la gobernabilidad interna. De aquí a 2026, pueden perfilarse tres rutas —no excluyentes, pero sí contrastantes— con costos políticos internos claros y ganadores/perdedores identificables.
Cooperación dura:
Alineamiento operativo selectivo con EE. UU., sin tropas extranjeras
Qué implica
- Intensificar inteligencia compartida, decomisos, golpes financieros y capturas de alto impacto.
- Resultados medibles (indicadores trimestrales) para desactivar la narrativa de “intervención necesaria”.
- Marco legal reforzado para cooperación sin presencia armada extranjera.
Costos políticos internos
- Desgaste por militarización: mayor protagonismo de fuerzas federales y riesgos de violaciones a derechos humanos.
- Fricciones subnacionales: gobernadores y alcaldes resienten mando y atribuciones.
- Narrativa de dependencia: la oposición acusa “agenda dictada desde Washington”.
Ganadores
- Presidencia si entrega resultados visibles (baja en homicidios, golpes a finanzas criminales).
- Sector exportador e inversionistas (certidumbre, nearshoring).
- Fuerzas de seguridad con presupuesto y capacidades ampliadas.
Perdedores
- Comunidades en zonas de choque (impacto social de operativos).
- Activismo de derechos humanos si no hay contrapesos.
- Oposición, si la seguridad mejora y pierde bandera.
Riesgo clave
- Que el “éxito” se mida solo en capturas y no en control territorial sostenible, generando ciclos de violencia.
Soberanía blindada:
Candados legales y diplomacia multilateral como muro político
Qué implica
- Reformas para cerrar cualquier resquicio a acciones extraterritoriales.
- Diplomacia activa (ONU, OEA, alianzas Sur-Sur) y diversificación comercial gradual.
- Discurso soberanista consistente hacia dentro y fuera.
Costos políticos internos
- Menor margen operativo: cooperación más lenta y resultados de seguridad menos inmediatos.
- Presión económica indirecta: mayor escrutinio comercial, incertidumbre regulatoria.
- Expectativas infladas: la retórica soberanista exige éxitos que tardan en llegar.
Ganadores
- Base nacionalista y sectores que valoran autonomía.
- Cancillería y actores multilaterales.
- Gobierno si convierte la soberanía en cohesión social.
Perdedores
- Regiones dependientes del comercio con EE. UU. ante cualquier fricción.
- Aparato de seguridad que necesita cooperación ágil.
- Oposición pro-mercado si la economía se resiente.
Riesgo clave
- Que la soberanía se perciba como inacción si la violencia no cede.
Crisis bilateral:
Escalada retórica y medidas punitivas
Qué implica
- Choques públicos, amenazas cruzadas, posibles sanciones selectivas o presiones comerciales.
- Politización extrema de migración, fentanilo y cárteles.
- Volatilidad financiera y parálisis de cooperación.
Costos políticos internos
- Golpe económico (tipo de cambio, inversión).
- Polarización social: soberanismo vs. pragmatismo.
- Gobernabilidad a prueba: protestas sectoriales y desgaste institucional.
Ganadores
- Halcones discursivos y liderazgos que capitalizan el conflicto.
- Actores ilegales que aprovechan vacíos de coordinación.
Perdedores
- Ciudadanía (empleo, precios).
- Estados fronterizos y exportadores.
- Gobierno federal si no controla daños.
Riesgo clave
- Que la crisis se normalice y eleve el umbral para soluciones racionales.
Comparativo rápido
| Ruta | Seguridad | Economía | Política interna | Sostenibilidad |
|---|---|---|---|---|
| Cooperación dura | Alta (si hay control) | Alta | Media (desgaste) | Media |
| Soberanía blindada | Media-Baja (corto plazo) | Media | Alta (cohesión) | Media-Alta |
| Crisis bilateral | Baja | Baja | Baja | Baja |
Un híbrido con predominio de cooperación dura y retórica de soberanía blindada. El éxito dependerá de tres llaves:
- Resultados verificables (menos violencia, más control territorial).
- Contrapesos (DD. HH., fiscalías fuertes, transparencia).
- Gestión económica que preserve T-MEC y nearshoring.
Bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, la ventana política existe. Pero el margen es estrecho: sin resultados, el país se desliza hacia la crisis bilateral; con resultados, puede convertir la presión en palanca de Estado.
En síntesis
La nueva etapa —Venezuela como precedente, Trump como amplificador y México como objetivo retórico— empuja a la política mexicana hacia un doble filo: el soberanismo puede unir y fortalecer a la Presidencia, pero si no se traduce en mejor seguridad y certidumbre económica, puede convertirse en vulnerabilidad. La clave no será solo “resistir” o “ceder”, sino gobernar la presión: construir resultados internos verificables, blindar instituciones, combatir desinformación y sostener una relación funcional con EE.UU. sin aceptar imposiciones.


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